Estaciones, fábricas, depósitos, viaductos y líneas que todavía cuentan cómo España aprendió a moverse a sí misma.
Cada uno de estos sitios forma parte de una red real que existió y en muchos casos sigue existiendo. No son museos aislados: son los puntos donde la industria española se fabricó a sí misma. Seleccionamos aquellos donde la conservación permite todavía sentir el peso del trabajo y la precisión de la ingeniería.
Elige La Vizcaya, los talleres de Talgo o Vilanova. Son los lugares donde todavía se puede tocar el metal y oler el aceite de las máquinas que se restauran.
El ferrocarril minero de Asturias y las antiguas estaciones de carga cuentan la vida de quienes pasaron décadas bajo tierra o en los andenes. Los guías suelen ser hijos o nietos de aquellos trabajadores.
El Puente de Vizcaya y los viaductos del norte son obras que resolvieron problemas de terreno con una audacia que todavía asombra. Se visitan caminando o cruzando en la góndola.
Los archivos de Delicias y Vilanova guardan las hojas de salario, los partes de accidente y las fotografías de las mujeres que limpiaban las locomotoras. Son los documentos que normalmente no aparecen en los libros.